Si por economía se puede entender la satisfacción de necesidades ilimitadas con recursos limitados, la sostenibilidad busca que la satisfacción de esas necesidades presentes no comprometa las necesidades futuras de las próximas generaciones. ¿Por qué?, porque somos animales descendientes de cazadores recolectores, genéticamente programados para tomar lo máximo posible del medio en que nos movemos para sobrevivir, y ahora somos como niños malcriados que buscan la satisfacción de cada vez mayor número de necesidades muy lejos de ser vitales para nuestra subsistencia, muchas de ellas ridículas y programadas en la actualidad, 10.000 años después, en nuestros cerebros por el consumismo, pero con un agravante, ahora tomamos más de lo que producimos y en el caso de recursos vitales para la vida como agua, aire y energía, de disponibilidad limitada. Nuestra supervivencia como especie y nuestro papel en el ecosistema, nos está llevando a la extinción y la de muchas especies. Aun así, seguimos caminando hacia el abismo despreocupados porque los que caerán serán nuestros hijos y no nosotros. Eso es irresponsable, y si algo tiene la sostenibilidad es que exige disciplina y responsabilidad, basado en un balance entre lo que tomamos y lo que damos a cambio. Ese cambio de actitud es lo que se necesita para revertir el destino.

Para analizar el impacto de nuestras acciones como especie en ese balance, se han establecido tres pilares en orden de importancia: la sostenibilidad ambiental, la sostenibilidad social, y la sostenibilidad económica.

Los recursos naturales y la interacción de nosotros con ellos son la base de la sostenibilidad ambiental. ¿Esto que implica?, que lo que tomamos de la naturaleza para nuestro desarrollo, a través de la transformación de estos recursos en la cadena de valor que los convierte en bienes elaborados para nuestro beneficio, tenga el menor impacto en el delicado balance del ecosistema, y que, además, permita la regeneración de estos recursos a través de prácticas de regeneración, en un lapso prudente. En pocas palabras, no cortar árboles a una tasa mayor que la que tiene otro árbol para sustituirlo. No contaminar el agua de tal manera que la naturaleza sea incapaz de manejar los contaminantes que arrojamos al ciclo del agua, no utilizar energías en áreas y países delimitados por fronteras terrestres pero que contaminen el aire que circula a través de todo el planeta sin fronteras establecidas en la atmosfera. ¿Porqué?, porque este es el único planeta habitable, y por habitable se entiende que solo el 5% de toda la superficie terrestre es apta para sostener la vida humana, no hay más, no hay otro, no hay salida ni plan B.

Una vez hayamos garantizado, de alguna manera, nuestra permanencia en el planeta por unas décadas más, a través de actividades que garanticen que las futuras generaciones podrán desarrollarse,

debemos garantizar que nuestros descendientes tendrán un espacio para ser plenos como individuos, es decir, buscar que nuestra permanencia en el presente y la de todos los seres humanos en el futuro sea sostenible, que sea digna. ¿Qué implica esto?, que todos los seres que la habitan tengan una razón para vivir, con salud, educación y medios de sostenerse a través de las actividades que desarrollan y que los hace felices, de manera sostenible ambientalmente y nos beneficien a todos de manera equitativa. No tiene sentido cuidar nuestra casa si a través de nuestras acciones como especie hacia otros seres humanos no garantizan su trascendencia, la de sus hijos y nietos.
Finalmente, y aunque última, pero de vital importancia, la sostenibilidad económica. Sin dinero, entendido como el medio de transferencia entre bienes y servicios generados por las actividades propias de los humanos, la economía colapsaría.

Estas actividades se llevan a cabo a través de la creación de valor paso a paso por múltiples cadenas que transforman materias primas y conocimiento en productos y servicios para nuestro bienestar y la satisfacción de necesidades, en escala de prioridad diferente, que como vimos, son el motor de nuestra existencia. Estas cadenas están constituidas por muchos individuos, empresas, instituciones y organizaciones, que intercambian dichos productos en mercados de todo tipo, a través de distintas distancias, culturas y creencias, con algo en común, sin dinero, dejarían de existir, no serían sostenibles. Hay que generar rentabilidad para ser sostenibles y poder traer beneficios a nosotros, nuestra familia, nuestros empleados, nuestra comunidad y a nuestros semejantes. ¿Cómo somos rentables?, a través de prácticas que, teniendo como meta la sostenibilidad social y ambiental minimicen nuestros gastos y maximicen nuestros ingresos. Practicas innovadoras que se enfoquen, por ejemplo, en: Reducir, Reciclar, Reusar y Redistribuir, benefician al planeta, la sociedad y las empresas, ese es el camino, colaborar en vez de competir salvajemente.

Algo debemos tener claro, una reevaluación de nuestras prioridades, criterios para medir el éxito y los métodos para lograrlo es imprescindible si queremos darle a la siguiente generación al menos algo que valga la pena salvar. Las predicciones más pesimistas nos colocan ya en un punto de no retorno, la ONU todavía nos da hasta el 2030 para revertir el cambio y nos ha dado una hoja de ruta, los objetivos de desarrollo sostenible, ODS como meta. Todos los expertos en áreas de conservación coinciden en que estamos tomando mas de lo que el planeta es capaz de producir a tasas cada vez mayores, que arrojamos más basura producto de la subutilización y el no-aprovechamiento de productos terminado con materiales, métodos y subproductos nocivos porque hemos colocado nuestras prioridades al revés, el presente en vez del futuro, lo económico por encima de lo ambiental. La sostenibilidad busca el balance de nuestras actividades en sinergia con el planeta, no tomar, sino contribuir, de tal manera que todas las especies en él vivan en armonía y de forma digna, en paz, con educación, salud y un ambiente sano, con actividades que generen valor y permitan nuestro desarrollo con equidad, para que con disciplina y responsabilidad seamos dignos del papel que se nos dio en el planeta y la confianza de nuestros hijos, a quienes una vez sostuvimos en nuestros brazos y a quienes debemos enseñar, puedan sostener el planeta con nuestro ejemplo.

Mauricio Gil Casadiego Gestor hídrico y de negocios